La palabra «taxi» desapareció. Ahora un taxi es más bien un Uber. Me voy en un Uber
desde Lawrenceville hasta Buford. El camino nos recibe con el sol otoñal de Georgia,
jardines bien cuidados, pero con muy pocas flores de la estación, y las casas
con sus porches, sus mecedoras, sus ventanas cerradas y sus salones vacíos. El «nosotros»
del que hablo es el conductor del Uber y yo. El conductor, en apenas trece
minutos, tuvo tiempo suficiente para darme una conferencia magistral de
historia contemporánea de los Estados Unidos.
Su lección podría resumirse en tres grandes ideas:
Estados Unidos no es un país; es una ilusión;
Estados Unidos no es un país; es una empresa, una
corporación;
Estados Unidos sigue siendo el país en el que puedes
nacer pobre y morir rico.
Las tesis del conductor, un hombre afroamericano, con
barba y gafas de sol, se sostienen con ejemplos que me dejan sin palabras: «Desde
que los niños están en tercer grado [de la escuela primaria], el Gobierno ya
sabe cuántos prisioneros va a necesitar para llenar en el futuro las prisiones».
El sistema penitenciario de Estados Unidos es, según el improvisado
conferencista, el más próspero del país, en términos de números y cuentas. Otra
perla: «Podemos creer que somos millonarios, pero en realidad pagamos para ser
millonarios».
No encuentro una mejor manera para describir el fondo
del sistema financiero de los Estados Unidos: la deuda. Todo consiste en vivir
del crédito, de lo que no es tuyo, pero que lo será algún día. Maybe.
***
Foto:1960’s Buick Electra in Leslie, Georgia, Keith Dotson.
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