sábado, 10 de enero de 2026

Georgianas (6)

 


Nunca antes me había sentido tan pobre, tan impotente frente a un pasado que había invertido en diplomas, bibliotecas, en exámenes, traducciones, en una supuesta teoría de la coproducción periodística, en un tal Jorge Luis Borges. Me vi llegando a los cincuenta años con dificultades para pagar mis créditos, dándoles a mis hijos un apoyo material escaso, con limitaciones. Me di cuenta de que en Francia no había dejado de ser el repartidor de periódicos que era cuando llegué, que el pretendido prestigio de una agrégation en el bolsillo no cambiaba absolutamente en nada mi condición de obrero con las manos manchadas de tinta, introduciendo ejemplares de Le Parisien y Le Monde en los buzones congelados de aquellos largos inviernos que siguieron a nuestra llegada repleta de ilusiones a París.

En esos momentos en que examinaba mi pasado, los rascacielos de Atlanta se burlaron de mí; reconocieron la futilidad de mi destino. Lo habían conseguido: yo también quería convertirme en un engranaje del sueño, en una pieza más, consumida sin remedio en el fuego de las vanidades georgianas.

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Foto: A Dark Interior, Keith Dotson.

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