lunes, 13 de julio de 2015

Viaje al país imposible (9)


Peregrinos en un supermercado

Sábado, 11 de julio. Llegamos a un conocido supermercado de Maracaibo, De Cándido. Para quienes no lo sepan, De Cándido es una cadena de comercios reputada en una época por su enorme cantidad de productos nacionales e importados, y también, hay que decirlo, por sus altísimos y a veces prohibitivos precios. Pero siempre hubo un algo especial en De Cándido, sobre todo en la sucursal de la avenida Santa Rita, en el que algunas veces solía verse a la dueña del establecimiento, una risueña matrona italiana, pasearse con sus batas de flores por los pasillos, saludando a sus clientes y acomodando sus deliciosas salsas boloñesas en una pirámide.


Todo esto es ahora un simple recuerdo. Los anaqueles del nuevo De Cándido no son ni la sombra de lo que fueron. Cuando fui, una hilera de consumidores recorría toda la superficie interna del almacén. Los compradores empujaban sus carros a medio llenar con expresiones lánguidas, como almas en pena, como peregrinos a la fuerza en un supermercado. Le pregunté a una joven que estaba a punto de llegar a la caja cuánto tiempo de espera había pasado. “Más de una hora”, me dijo. Los habituales en las colas de los productos regulados dirán que una hora es sólo un segundo comparado con una jornada de espera desde la madrugada hasta el final de la tarde. 

La escasez de productos en Venezuela, estrechamente asociada a las otras plagas de la especulación y el contrabando, se explica según dos versiones: por un lado, el Gobierno y sus seguidores se refieren a una “guerra económica” orquestada por la oposición para explicar el caos actual; por el otro, miles de venezolanos aseguran que las políticas oficialistas de control cambiario han destruido toda noción sensata de la moneda local, han incentivado el pillaje y han arrinconado cualquier posibilidad de circulación adecuada del dólar, la palabra clave de la economía nacional.

La caída de los precios del barril de petróleo también ha determinado las actuales condiciones económicas. Somos incorregibles, no aprendemos la lección. Un sabio, don Arturo Uslar Pietri, nos advirtió hace décadas de los peligros de no saber sembrar el petróleo. Hoy pagamos las consecuencias de semejante error. Hay que buscar las causas de la escasez más allá del periodo comprendido por los últimos quince años.

La historia contemporánea de Venezuela puede considerarse como una desafortunada cadena de errores garrafales. Los anaqueles de De Cándido no se vaciaron por arte de magia ni de un día para otro.

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La imagen fue extraída del sitio Libertasoccidentalis.org.

2 comentarios:

  1. Una de las razones mas importantes por las que me fui... La comida es básica y en vzla hacer mercado o ir por un medicamento hoy día parece una aventura de indiana jones.. Por cierto mi mitsubishi me lo robaron en farmatodo también.. El de indiimara pilas ahí es candela.,

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  2. Una de las razones mas importantes por las que me fui... La comida es básica y en vzla hacer mercado o ir por un medicamento hoy día parece una aventura de indiana jones.. Por cierto mi mitsubishi me lo robaron en farmatodo también.. El de indiimara pilas ahí es candela.,

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